10° Bela Bartok(1881-1954)
Compositor
húngaro. Junto a su compatriota Zoltán Kodály, Bela Bartok es el compositor más
importante que ha dado la música húngara a lo largo de su historia y una de las
figuras imprescindibles en las que se fundamenta la música contemporánea.
Hijo
de un maestro de la Escuela de Agricultura de Nagyszenmiklós, los siete
primeros años de vida del futuro músico transcurrieron en esta pequeña
localidad, hoy perteneciente a Rumania. Fallecido su padre en 1888, su infancia
se desarrolló en las diversas poblaciones húngaras a las que su madre,
institutriz, era destinada.
Aunque
los primeros pasos de Bartok en el mundo de la música se decantaron hacia la
interpretación pianística (en 1905 llegó a presentarse al prestigioso Concurso
Rubinstein de piano, en el que fue superado por un joven Wilhelm Backhaus),
pronto sus intereses se inclinaron decididamente por la composición musical. De
trascendental importancia fue el descubrimiento del folclor húngaro que Bartok,
junto al mencionado Kodály, estudió de manera apasionada de pueblo en pueblo y
de aldea en aldea, con ayuda de un rudimentario fonógrafo y papel pautado.
Su
influencia en su propia labor creadora sería determinante, hasta convertirse en
la principal característica de su estilo y permitirle desvincularse de la
profunda deuda con la tradición romántica anterior -en especial de la
representada por autores comoLiszt, Brahms y Richard Strauss- que se apreciaba
en sus primeras composiciones, entre las que figura el poema sinfónico Kossuth.
No
sólo el folclor húngaro atrajo sus miras: también lo hicieron el eslovaco, el
rumano, el turco o el árabe. Con todo, no hay que pensar por ello que en sus
obras se limitara a citarlo o a recrearlo, antes al contrario: el folclor era
sólo el punto de partida para una música absolutamente original, ajena a los
grandes movimientos que dominaban la creación musical de la primera mitad del
siglo XX, el neoclasicismo de Stravinsky y el dodecafonismo de Schönberg, por
más que en ocasiones utilizara algunos de sus recursos.
Si
bien en algunas composiciones se conserva total o parcialmente la melodía
original (Cuarenta y cuatro dúos para dos violines), en otras, sobre todo en
las más maduras, se asiste a la total absorción de los ritmos y las formas
populares, de manera tal que, pese a no existir referencias directas, se
advierte en todo momento su presencia. Páginas como las de la única ópera
escrita por el músico, El castillo de Barba Azul; los ballets El príncipe de
madera y El mandarín maravilloso; el Concierto para piano n.º 1 y el Allegro
bárbaro para piano contribuyeron a hacer de Bartok un autor conocido dentro y
fuera de las fronteras de su patria, a pesar del escándalo que suscitaron
algunas de ellas por lo atrevido de su lenguaje armónico, rítmico y tímbrico.
Profesor
de piano en la Academia de Música de Budapest desde 1907 y director adjunto de
esta misma institución desde 1919, en 1934 abandonó los cargos docentes para
proseguir su investigación en el campo de la musicología popular, al mismo
tiempo que, como pianista, ofrecía recitales de sus obras en toda Europa y
continuaba su tarea creativa, con partituras tan importantes como Música para
cuerdas, percusión y celesta y la Sonata para dos pianos y percusión.
El
estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó, como a tantos otros de sus
colegas, a buscar refugio en Estados Unidos. Allí, a pesar de algunos encargos
puntuales como la Sonata para violín solo o el Concierto para orquesta, Bartok
pasó por serias dificultades económicas, agravadas por su precario estado de
salud. A su muerte, a causa de una leucemia, dejó inacabadas algunas
composiciones, como elConcierto para piano n.º 3 y el Concierto para viola,
ambas culminadas por su discípulo Tibor Serly.
Béla
Bartók - Concerto For Orchestra (1943)