Autor
de otros dos ballets que habían causado sensación, El pájaro de fuego (la obra
que lo dio a conocer internacionalmente en 1910) y Petrushka, el citado día de
1913 Stravinsky se confirmó como el jefe de filas de la nueva escuela musical.
Sin embargo, él nunca se consideró un revolucionario; de manera similar a
Picasso en el campo de las artes plásticas, el compositor se caracterizó
siempre por transitar de un estilo a otro con absoluta facilidad, sin perder
por ello su propia personalidad. El ruso, el neoclásico y el dodecafónico son,
a grandes rasgos, los tres períodos en los que puede dividirse la carrera
compositiva de este maestro, uno de los referentes incuestionables de la música
del siglo XX.
Alumno
de Nikolai Rimski-Korsakov en San Petersburgo, la oportunidad de darse a
conocer se la brindó el empresario Sergei Diaghilev, quien le encargó una
partitura para ser estrenada por su compañía, los Ballets Rusos, en su
temporada parisiense. El resultado fue El pájaro de fuego, obra en la que se
advierte una profunda influencia de su maestro en su concepción general, pese a
lo cual apunta ya algunos de los rasgos que definirán el estilo posterior de
Stravinsky, como su agudo sentido del ritmo y el color instrumental.
Su
rápida evolución culminó en la citada Consagración de la primavera y en otra
partitura destinada al ballet, Las bodas, instrumentada para la original
combinación de cuatro pianos y percusión, con participación vocal. En estas
obras el músico llevó al límite la herencia de la escuela nacionalista rusa
hasta prácticamente agotarla.
Su
estilo experimentó entonces un giro que desconcertó a sus propios seguidores:
en lugar de seguir el camino abierto por estas obras, en 1920 dio a conocer un
nuevo ballet, Pulcinella, recreación, a primera vista respetuosa, de la música
barroca a partir de composiciones de Giovanni Battista Pergolesi.
Comenzaba
así la etapa neoclásica, caracterizada por la revisitación de los lenguajes del
pasado, con homenajes a sus compositores más admirados, como Bach (Concierto en re), Tchaikovsky (El beso del hada), Haendel (Oedipus rex), Haydn (Sinfonía en do) o Mozart (La carrera del libertino) y obras tan importantes como el Octeto
para instrumentos de viento, la Sinfonía de los salmos o el ballet Apollon
Musagète.
En
ellas Stravinsky abandonó las armonías disonantes y la brillante orquestación
de sus anteriores composiciones para adoptar un estilo más severo y objetivo
-el neoclasicismo, de hecho, nació como una oposición al arrebatado
subjetivismo del Romanticismo y el expresionismo germánicos-, estilo, sin
embargo, que no excluía cierto sentido del humor en su aproximación al pasado.
Con
la Sinfonía en tres movimientos y la ópera La carrera del libertino concluye
esta etapa, tras la cual Stravinsky volvió a sorprender al adoptar el método
dodecafónico sistematizado por su colega y rival Arnold Schönberg, aunque eso
sí, a la muerte de éste. De nuevo un ballet, Agon, señaló la apertura de este
nuevo período, en el que sobresalen títulos como Canticum sacrum, Threni,
Monumentum pro Gesualdo y Requiem Canticles, ninguno de los cuales ha obtenido
el nivel de aceptación de las obras de las dos épocas precedentes. Fallecido en
Estados Unidos, sus restos mortales fueron inhumados en Venecia.
Igor
Stravinsky -The Rite of Spring