Compositor
austríaco. Nacido en las proximidades de la misma Viena que acogió a Haydn,
Mozart y Beethoven, a menudo se le considera el último gran representante del
estilo clásico que llevaron a su máximo esplendor esos tres compositores y uno
de los primeros en manifestar una subjetividad y un lirismo inconfundiblemente
románticos en su música.
El
lied para canto y piano, uno de los géneros paradigmáticos del Romanticismo,
encontró en él a su primer gran representante, cuyas aportaciones serían
tomadas como modelo por todos los músicos posteriores, desde Robert Schumann
hasta Hugo Wolf y Gustav Mahler.
Hijo
de un modesto maestro de escuela, Schubert aprendió de su padre la práctica del
violín y de su hermano mayor, Ignaz, la del piano, con tan buenos resultados
que en 1808, a los once años de edad, fue admitido en la capilla imperial de
Viena como miembro del coro y alumno del Stadtkonvikt, institución ésta en la
que tuvo como maestro al compositor Antonio Salieri. La necesidad de componer
se reveló en el joven Schubert durante estos años con inusitada fuerza, y sus
primeras piezas fueron interpretadas por la orquesta de discípulos del
Stadtkonvikt, de la que él mismo era violinista.
Tras
su salida de este centro en 1813, Schubert, a instancias de su padre, empezó a
trabajar como asistente en la escuela de éste, a pesar del poco interés
demostrado por el músico hacia la labor pedagógica. En estos años es cuando ven
la luz sus primeras obras maestras, como el lied El rey de los elfos, inspirado
en un poema de Goethe, uno de sus escritores más frecuentados. Después de
abandonar sus funciones en la escuela paterna, Schubert intentó ganarse la vida
únicamente con su música, con escaso éxito en su empresa.
El
único campo que podía reportar grandes beneficios a un compositor de la época
era el teatro, la ópera, y aunque éste fue un género que Schubert abordó con
insistencia a lo largo de toda su vida, bien fuera por la debilidad de los
libretos escogidos o por su propia falta de aliento dramático, nunca consiguió
destacar en él. Sus óperas, entre las que merecen citarse Los amigos de
Salamanca, Alfonso y Estrella, La guerra doméstica y Fierabrás, continúan
siendo la faceta menos conocida de su producción.
Si
Schubert no consiguió sobresalir en el género dramático, sí lo hizo en el lied.
Un solo dato da constancia de su absoluto dominio en esta forma: sólo durante
los años 1815 y 1816 llegó a componer más de ciento cincuenta lieder, sin que
pueda decirse de ellos que la cantidad vaya en detrimento de la calidad.
Escritos muchos de ellos sobre textos de sus amigos, como Johann Mayrhofer y
Franz von Schober, eran interpretados en reuniones privadas, conocidas con el
elocuente nombre de «schubertiadas», a las que asistía, entre otros, el
barítono Johann Michael Vogl, destinatario de muchas de estas breves
composiciones.
Los
ciclos La bella molinera y Viaje de invierno constituyen quizás la cima de su
genio en este campo, a los que hay que sumar títulos como El caminante, La
trucha, A la música, La muerte y la doncella, o el celebérrimo Ave Maria. A
pesar de la belleza de estas composiciones y de la buena acogida que
encontraron entre el público, la vida de Schubert discurrió siempre en un
estado de gran precariedad económica, agravada considerablemente a partir de
1824 por los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría prematuramente con
su existencia.
Admirado
en un círculo muy restringido, la revalorización del compositor se llevó a cabo
a partir de su muerte: obras inéditas o que sólo se habían interpretado en el
marco familiar, empezaron a ser conocidas y publicadas, y defendidas por
músicos como Robert Schumann o Felix Mendelssohn. Es, sobre todo, el caso de su
producción instrumental madura, de sus últimas sonatas para piano, sus
cuartetos de cuerda y sus dos postreras sinfonías, a cuyo nivel sólo son
equiparables las de Beethoven.
Podrá escuchar lo mejor de Franz Schubert en el siguiente video: